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Similitudes entre la salud y el dinero
Consideremos algunas de las semejanzas entre su salud y su dinero; luego examinemos pequeñas maneras para comenzar a adoptar medidas beneficiosas en ambos ámbitos. Barbara O’Neill y Karen Ensle en Rutgers University han identificado algunas analogías interesantes y prácticas entre estos dos aspectos y cómo se los puede analizar.
1) En general, los problemas de salud y de dinero son insignificantes al comienzo. Los inconvenientes de salud pueden surgir a raíz de síntomas que parecen tener poca importancia, pero si se los ignora pueden convertirse en algo mucho más serio... y costoso. De igual manera, las dificultades financieras pueden ser leves al principio (refinanciación del saldo de la tarjeta de crédito, pagos atrasados, crecientes tasas de interés), pero pueden empeorar con rapidez volviéndose tan imposibles de cancelar de lo que jamás haya imaginado. De hecho, los problemas de salud pueden tener origen en complicaciones económicas y viceversa.
2) A todos nos cuesta innovar. Es un hecho. Por eso, si tiene que hacer alguna modificación para mejorar su bienestar físico o financiero, es muy común que se sienta abrumado al punto de creer que no puede o incluso no quiere hacerlo. Es muy importante recordar que todo cambio favorable (aunque más no sea comenzar a ahorrar $5 o $10 semanales, o bien, caminar durante 5 ó 10 minutos diarios) lo llevarán en la dirección correcta. Empezar con pequeñas modificaciones y seguir introduciéndolas generará reformas trascendentales y provechosas. No puede controlar todo lo que sucede en su vida, pero es capaz de tomar determinaciones que estén dentro de sus posibilidades. Puede decidirse a cuidar su salud física y financiera; dar un paso por vez, a medida que pase el tiempo, traerá un crecimiento significativo y fructíferas transformaciones.
3) La inacción tiene consecuencias reales. Quienes llevan una vida física y financieramente saludables disminuyen el riesgo de fallecer en forma prematura o de quedar en la quiebra. Si tiene ciertas falencias físicas o económicas, la pasividad no necesariamente implica que nada sucede; no es conveniente dejar estas cuestiones "en suspenso". Los cargos por mora y los intereses seguirán acumulándose, el aumento de peso no dejará de rondarlo. Su falta de reacción no hace referencia a su negativa a adoptar resoluciones, sino a la resistencia a tomar las riendas de problemas ya identificados. Asumir esto quizás lo lleve a considerar las pequeñas medidas que puede tomar hoy en un sentido positivo, en lugar de dejar que las complicaciones sigan aumentando.
4) La negación crea desconexiones significativas entre la percepción y la realidad. Algunos estudios sobre planificación financiera y de salud indican que muchas personas no siempre pueden vincular lo que perciben con lo que en verdad sucede. Un estudio sobre el nivel de confianza en la jubilación, realizado en 2006, demostró que 3 de cada 10 trabajadores estadounidenses no han ahorrado para su retiro; sin embargo, la mitad está seguro de que tendrá lo suficiente cuando se jubile. De la misma manera, quienes padecen alguna enfermedad con frecuencia lo niegan antes de procurar un tratamiento adecuado o riguroso. Puede pensar que le está yendo mucho mejor financiera o físicamente de lo que la realidad demuestra. Si no controla periódicamente su salud física (peso, capacidad para realizar ejercicios, exámenes físicos regulares) o su bienestar económico (niveles de deuda, resúmenes de chequeras, planes de ahorro, etc.) será más difícil comenzar a cambiar las conductas y los hábitos perjudiciales porque no tendrá un panorama adecuado que le indique dónde está parado verdaderamente.
5) La necesidad de chequeos de rutina. Los controles físicos periódicos son fundamentales a medida que uno envejece o cuando se está en riesgo de contraer determinado tipo de enfermedades. Las afecciones crónicas o críticas pueden tardar años en desarrollarse y si se diagnostican a tiempo hay mejores oportunidades de sobrevivir y mejorar que si se demora o descuida el tratamiento. El examen financiero también es esencial. Es posible que tenga dificultades económicas sin saberlo; es importante determinar cuáles son los problemas (saldos de tarjetas de crédito, falta de ahorros, etc.) antes de que la situación empeore; además, hay que descubrir las áreas de vulnerabilidad financiera (es decir, falta de seguro) para adoptar las medidas que puedan abordarlas.
6) Existen recursos para obtener ayuda. Si está en aprietos financieros o de salud bastante serios, hay personas y programas que lo pueden asistir. Quizás tenga alternativas médicas que desconocía (clínicas locales gratuitas, servicios sociales o incluso médicos y dentistas con planes de pago económicos o escalonados. De igual modo, los consultores financieros y las entidades de asesoramiento crediticio locales pueden prestar servicios de capacitación financiera. Haga clic aquí para obtener más información sobre cómo seleccionar y trabajar con un asesor financiero.
7) Su empleador puede plantearle diversas alternativas. Cada vez más, los empleadores se preocupan por la salud de sus empleados. La enfermedad conlleva una pérdida de horas de trabajo; además, la merma en la productividad del personal contribuye a que la empresa sea menos rentable. Más empresas que antes cuentan con gimnasios en el trabajo, incentivos para perder peso y dejar de fumar, al igual que herramientas de capacitación sobre salud. El tiempo que pasa sin trabajar puede implicar una disminución del salario, pérdida de la antigüedad y de oportunidades para conseguir ascensos. La discapacidad a corto o largo plazo puede incluso hacerle perder el empleo.
De manera análoga, los empleadores son conscientes del bienestar económico de su personal. Pueden y de hecho se toman el tiempo para controlar los informes de crédito del eventual empleado antes de contratarlo, a fin de determinar su fiabilidad. Muchos ofrecen a los trabajadores herramientas financieras para prever sus propios ahorros jubilatorios (planes 401(k)), sus carreras profesionales y posibles ganancias (programas de reintegro de matrícula). Quizás desee informarse en el Departamento de Recursos Humanos de su trabajo sobre los programas de asistencia financiera y de salud que tengan disponibles.
8) Tanto su dinero como su salud requieren de mantenimiento constantes. Se trata de cosas simples que desarrolla en su vida diaria, hábitos naturales o disciplinas como el ejercicio, la alimentación saludable, el control de su presión sanguínea o la concentración de azúcar en sangre (si sufre de diabetes) y la cantidad suficiente de horas de sueño. La conducta financiera incluye el control de los cheques emitidos, la reserva periódica de fondos, el ahorro para la jubilación, la cancelación de sus cuentas a término, etc.
9) Nunca habrá un momento perfecto para comenzar a incorporar cambios. Muchos creen que se concentrarán en mejorar su bienestar físico y financiero más adelante, cuando tengan más tiempo. Pero el mito es que jamás encontrarán una oportunidad en la que puedan enfocarse sólo en esas dos metas. He aquí el motivo de la importancia de hacerlo más manejable y tomar pequeñas decisiones ahora. Si desatiende su salud, terminará gastando más en atención médica de lo que probablemente desee (o imagine). Si descuida sus finanzas, quizás no esté en condiciones de costear la asistencia sanitaria que requiera en el futuro, o bien, es posible que su situación económica empeore cualquier problema de salud existente.
